sábado, 30 de enero de 2021
lunes, 25 de septiembre de 2017
viernes, 8 de septiembre de 2017
PIZARNIK - SOMBRA DE LOS DÍAS A VENIR
a Ivonne A. Bordelois
Mañaname vestirán con cenizas al alba,
me llenarán la boca de flores.
Aprenderé a dormir
en la memoria de un muro,
en la respiración de un animal que sueña.
CÓRTAZAR - AMOR 77
Y después de hacer todo lo que hacen se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.
sábado, 22 de octubre de 2016
jueves, 13 de octubre de 2016
ANTOLOGÍA LITERARIA DIGITAL Nº 8
Último numero de la Antología digital de cuento de EL NARRATORIO.
Pasen y lean.
Pasen y lean.

sábado, 14 de mayo de 2016
CREEPY TRAIN x Renate MÖRDER
El último
tren circula a oscuras. Dos monstruos se cuelan en el vagón, una anciana los
mira y se pone de pie. Se desplaza hacia el coche siguiente, está aterrada. No
puede quitar de su mente los cadavéricos rostros blancos y negros como dameros
del infierno. Se asoma para ver si vienen, ve que están sentados. Reza. Está
sola, no hay nadie a quien pedirle ayuda, nadie a quién preguntarle si los
monstruos realmente están ahí
o todo es fruto de su mente decrépita. Vuelve a asomarse, los monstruos hablan entre
ellos, traman algo que ella no alcanza a oir porque está sorda. Piensa que quizás sean emisarios de la muerte.
El tren ingresa en la estación terminal, los monstruos se desplazan hacia la
puerta, se acercan a la anciana que siente que su corazón se paraliza al ver la
cruz invertida que lleva uno de ellos. Baja la cabeza, se arrepiente de sus
pecados y resignada espera. El tren frena, los jóvenes que van al recital de
Mayhem descienden del convoy. La vieja, después de un rato, levanta la cabeza,
se pone de pie y, desconcertada, se interna en la estación.
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RENATE MORDER
lunes, 18 de abril de 2016
KAFKA - El puente
Yo era rígido y frío, yo estaba tendido sobre un precipicio; yo era un puente. En un extremo estaban las puntas de los pies; al otro, las manos, aferradas; en el cieno quebradizo clavé los dientes, afirmándome. Los faldones de mi chaqueta flameaban a mis costados. En la profundidad rumoreaba el helado arroyo de las truchas. Ningún turista se animaba hasta estas alturas intransitables, el puente no figuraba aún en ningún mapa. Así yo yacía y esperaba; debía esperar. Todo puente que se haya construido alguna vez, puede dejar de ser puente sin derrumbarse.
Fue una vez hacia el atardecer -no sé si el primero y el milésimo-, mis pensamientos siempre estaban confusos, giraban siempre en redondo; hacia ese atardecer de verano; cuando el arroyo murmuraba oscuramente, escuché el paso de un hombre. A mí, a mí. Estírate puente, ponte en estado, viga sin barandales, sostén al que te ha sido confiado. Nivela imperceptiblemente la inseguridad de su paso; si se tambalea, date a conocer y, como un dios de la montaña, ponlo en tierra firme.
Llegó y me golpeteó con la punta metálica de su bastón, luego alzó con ella los faldones de mi casaca y los acomodó sobre mi. La punta del bastón hurgó entre mis cabellos enmarañados y la mantuvo un largo rato ahí, mientras miraba probablemente con ojos salvajes a su alrededor. Fue entonces -yo soñaba tras él sobre montañas y valles- que saltó, cayendo con ambos pies en mitad de mi cuerpo. Me estremecí en medio de un salvaje dolor, ignorante de lo que pasaba. ¿Quién era? ¿Un niño? ¿Un sueño? ¿Un salteador de caminos? ¿Un suicida? ¿Un tentador? ¿Un destructor? Me volví para poder verlo. ¡El puente se da vuelta! No había terminado de volverme, cuando ya me precipitaba, me precipitaba y ya estaba desgarrado y ensartado en los puntiagudos guijarros que siempre me habían mirado tan apaciblemente desde el agua veloz.
Fue una vez hacia el atardecer -no sé si el primero y el milésimo-, mis pensamientos siempre estaban confusos, giraban siempre en redondo; hacia ese atardecer de verano; cuando el arroyo murmuraba oscuramente, escuché el paso de un hombre. A mí, a mí. Estírate puente, ponte en estado, viga sin barandales, sostén al que te ha sido confiado. Nivela imperceptiblemente la inseguridad de su paso; si se tambalea, date a conocer y, como un dios de la montaña, ponlo en tierra firme.
Llegó y me golpeteó con la punta metálica de su bastón, luego alzó con ella los faldones de mi casaca y los acomodó sobre mi. La punta del bastón hurgó entre mis cabellos enmarañados y la mantuvo un largo rato ahí, mientras miraba probablemente con ojos salvajes a su alrededor. Fue entonces -yo soñaba tras él sobre montañas y valles- que saltó, cayendo con ambos pies en mitad de mi cuerpo. Me estremecí en medio de un salvaje dolor, ignorante de lo que pasaba. ¿Quién era? ¿Un niño? ¿Un sueño? ¿Un salteador de caminos? ¿Un suicida? ¿Un tentador? ¿Un destructor? Me volví para poder verlo. ¡El puente se da vuelta! No había terminado de volverme, cuando ya me precipitaba, me precipitaba y ya estaba desgarrado y ensartado en los puntiagudos guijarros que siempre me habían mirado tan apaciblemente desde el agua veloz.
jueves, 3 de marzo de 2016
miércoles, 27 de enero de 2016
domingo, 3 de enero de 2016
martes, 15 de diciembre de 2015
ON THE ROAD x Fede Marongiu
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lunes, 30 de noviembre de 2015
C'EST FINI x Renate Mörder #wordvember 30
Se cansó de ser invisible, de que ella no lo amara, de comer solo, de que nadie quisiera ser su amigo, de los profesores, de la vida. Tomó el rifle de su padre, se subió a la bicicleta y se fue al colegio. Se apostó en la terraza, respiró hondo y empezó a disparar.
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EN LA VENTANA x Renate Mörder #Wordvember 29
Hugo no sabía muy bien de cuál de todos los rounds que le peleó a la vida salió tan maltratado. La cosa es que se había vuelto un cobarde. Tenía miedo del presente, del futuro e incluso del pasado. “La vida pasa factura” –decía. Sus amigos y su hija, hartos de su depresión, comenzaron a alejarse y un día cualquiera se encontró solo, adherido a las cuatro paredes de su casa, como si fuera una enamorada del muro. Pasaba sus días viendo programas de televisión que ni siquiera le importaban y mantenía las ventanas de su cuarto cerradas, porque no quería enterarse que la vida ahí afuera seguía su curso sin él. Cada tanto su hija o la mucama, con la excusa de limpiar, entraban a su cuarto y le levantaban las persianas. Él permanecía malhumorado hasta que se iban y después corría a cerrarlas, pero ese día la visión de lo que sucedía en el departamento de enfrente lo detuvo. Un hombre y una mujer se besaban, estaban desnudos, tenían sexo. Hugo miró a su alrededor buscando en las ventanas vecinas a algún cómplice, alguien que como él estuviera siendo testigo de la falta de delicadeza de la pareja, pero no había nadie. Sin poder dejar de mirar comenzó a cerrar lentamente la persiana, entonces la mujer lo miró. Quedó atrapado en esa mirada, era limpia e inocente, como la de una niña, a pesar de que ya era mayor. El tipo que la acompañaba de pronto notó su presencia y de un manotazo cerró la cortina dejándolo desolado, como desnudo, como colgado de la nada.
Después de eso, Hugo comenzó a levantar las persianas de su cuarto, su hija y su psiquiatra lo interpretaron como un síntoma de mejora y ninguno de los dos notó que pasaba sus horas junto a la ventana mirando hacia el departamento de enfrente. Tampoco él reveló su deseo: quería verla, quería que le dispensara una mirada tan tierna como la de aquella vez, pero no tenía suerte, los clientes se sucedían y ella siempre estaba de espaldas o no miraba.
Una tarde se decidió a buscarla. Se vistió, se afeitó y hasta se sintió un ser humano en el espejo. Esperó que saliera de su departamento pero no tuvo suerte, comenzó a apostarse en su puerta todos los días, hasta que un mediodía salió con una bolsa a hacer los mandados. De cerca era más linda, más fresca. La siguió, habló con ella, la invitó a almorzar, la trato como una reina, la conquistó, se olvidó de que tenía miedo.
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EL PRIMO x Renate Mörder #wordvember 28
Su primo estaba
enfermo, ellos no lo conocían pues había estado internado durante años. Lo
habían traído a la casa y lo habían instalado en el área de huéspedes, lo
cuidaba un enfermero que a veces cruzaban en la cocina y una vez a la semana veían
entrar y salir a un señor que, según lo que les había dicho su mamá, era médico. Los
adultos no les daban demasiados detalles acerca del estado de salud de su primo ni les permitían verlo. Tampoco hablaban de él por lo cual, pasada la intriga de
las primeras semanas, terminaron olvidándose de su existencia. Cierto día en
que bebían leche chocolatada en la cocina apareció el enfermero con una herida
en la frente. Sus padres de inmediato acudieron a socorrerlo. Entre medio de
tanta preocupación se olvidaron de ellos y revelaron mucho más de lo que
hubieran querido. Los niños se quedaron preocupados, su primo había
herido al enfermero. Lo habían tenido que atar más fuerte, no respondía a las inyecciones, estaba demasiado agresivo
y dijeron que debían hacer algo urgente para concluir con el asunto. Esa noche no
pudieron dormir, cualquier ruido los sobresaltaba, tenían miedo que su primo se
escapara y los hiriera a ellos o a sus papás. A la mañana siguiente vino el
médico, se encerró con el enfermero y sus padres en el área de huéspedes, salieron
al rato, arrastrando a un muchacho, lo llevaban atado
y amordazado. "Vamos al hospital -les dijo la madre- volvemos en un
rato, no salgan". Los niños se quedaron viendo como la camioneta de sus
padres se perdía en el horizonte. Supieron que algo no andaba bien, eran niños
no tontos y a los enfermos no se los trata tan mal. Sus padres volvieron al
atardecer, traían una bolsa con dinero, quisieron explicarles los del primo
pero ellos no escucharon, prefirieron irse a jugar.
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domingo, 29 de noviembre de 2015
EN EL BOSQUE x Renate Mörder #wordvember 27
Dicen que el bosque es negro
porque la espesura de sus árboles impide que pase la luz del sol, pero en
realidad su negrura proviene de los seres que lo habitan. Cada noche las
criaturas se apostan a la vera del camino, esa cicatriz abierta que parte
el bosque en dos y aguardan el paso de los automóviles que como dragones escupen
gases que infectan a la naturaleza. Siempre alguno se rompe y la preciosa carga
que llevan desciende, entonces las criaturas se aproximan, beben de ellos y al
amanecer se pierden en la espesura del bosque. Los automovilistas despiertan en
sus autos al día siguiente, no recuerdan que pasó, no entienden porque tienen
tanta sed.
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NIÑERÍAS x Renate Mörder #wordvember 26
Llegaron al pueblo, los acompañaban una veintena de jovencitos oriundos de aldeas cercanas. Se detuvieron en la plaza y de viva voz hicieron un anuncio: "Se buscan jóvenes para servir como pajes en el castillo del Señor, Barón Gilles de Rais". La gente interesada, los rodeó y comenzó a hacerles preguntas, los emisarios de De Rais explicaban los detalles: ofrecían casa, comida y oportunidad de progreso social sirviendo en la corte. Pierre, mientras observaba la escena pensaba en sus hijos, eran inteligentes y fuertes, pero en ese pueblo estaban condenados a picar piedra en una cantera como lo hacía él. Corrió a su casa esperanzado soñando con que sus hijos serían pajes y tendrían todo aquello que él nunca había podido tener, pero no estaban. Fue al río donde su mujer lavaba las ropas y le preguntó por ellos pero tampoco sabía nada. Los buscó en las canteras, en los establos y hasta en las tabernas del pueblo y no los halló. Esa noche, esperó que retornaran a casa pero no lo hicieron.
Al día siguiente vio partir a la comitiva de los emisarios del Barón de Rais, se habían llevado cinco niños del pueblo, cinco niños que iban a progresar mientras los suyos no. Cuando volvió a su casa esa noche sus hijos habían regresado, le contaron que habían permanecido en la casa de Léa, una bruja que vivía en las afueras del bosque, que ella les había dicho que estaban en peligro, que había tenido una visión, que los había visto morir en medio de espeluznantes torturas y que debían quedarse en su casa hasta que el mal se fuera del pueblo. Pierre se enfureció, los llamó mentirosos y les pegó unos azotes. El tiempo pasó, vio a sus niños crecer y cavar la cantera. Las familias de los niños que se llevaron al castillo no tuvieron la misma suerte, no volvieron a ver a sus hijos nunca más.
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viernes, 27 de noviembre de 2015
MANIQUÍ X Renate Mörder .#wordvember 24
![]() |
| Leonor Fini, Paris, 1932, photography by Henri Cartier-Bresson |
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lunes, 23 de noviembre de 2015
TROIS x Renate Mörder #wordvember 23
Los dos se enamoraron de la misma mujer, la sedujeron, la amaron y finalmente quisieron acapararla, le dieron a elegir:
—¿Ella o yo?
—¿Él o yo?
—Los amo a los dos -fue la respuesta.
La pareja se miró desconcertada, nunca habían considerado esa alternativa, pero no estaba mal, ya no tendrían que divorciarse.
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CRISTALES x Renate Mörder #Wordvember 22
Le pareció ver una
mancha en el vidrio de la ventana. Intentó limpiarla pero seguía estando. Pensó
que de seguro la mugre estaba del lado de afuera. Se sentó en el
marco, frotó el vidrio por fuera, pero seguía sucio. Se inclinó levemente para
tener una mejor perspectiva pero resbaló. Mientras caía al vacío desde el piso
quince se le salieron los anteojos, fue en ese momento cuando se percató de que
la suciedad no estaba en el vidrio de la ventana.
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